Santander (1869-1955)

Espina y Tagle, Concha

Concha Espina y Tagle nació en Santander en 1869. Fue la séptima de una familia de once hijos. Su madre era de una familia noble de Santillana del Mar, y su padre era asturiano dedicado a los negocios marítimos. Su familia le proporcionó una educación refinada y católica. A los trece años la ruina del padre obliga a la familia a residir en Mazcuerras, y tres años después de morir su madre contrajo matrimonio con Ramón de la Serna (1895) y partió con él a América, viviendo en Valparaíso (Chile). Años después se separaría de su esposo de quien tuvo cinco hijos, varios de los cuales heredaron sus aficiones y aptitudes literarias. Tras su separación vivió con su padre en Asturias, donde conoció de cerca la difícil vida de los mineros.

En 1904 publicó su libro de versos “Mis flores”. En 1907 obtuvo su primer premio literario con “El Rabión”. En 1909 publicó “La Niña de Luzmela”, su primer éxito, y cuya fama provocó que en 1948 la localidad cántabra de Mazcuerras, residencia estival de la escritora que inspiró la ubicación de la novela, adoptara oficialmente el nombre de Luzmela.

Posteriormente publicaría las novelas “Despertar para morir” (1910), “Agua de nieve” (1911), “La rosa de los vientos” (1916), “Copa de horizontes” y “Mujeres del Quijote” (1916), Ruecas y marfil (1917), “Naves en el mar” y “Talín” (1918)

Obra destacada fue “La Esfinge Maragata”, publicada en 1914, a la que Eugenio de Nora califica de “Denuncia social y familiar de unas mujeres en las que se acentúa sólo la condición genérica y común de la mujer española, y larga elegía del renunciamiento, del absoluto fracaso sentimental a que el peso de la rutina y la esclavitud económica condenan a la poco menos que simbólica protagonista”.
Tras la madurez de esta obra su apogeo llegó con “El metal de los muertos” (1920), novela inspirada en los conflictos y tragedias de las zonas mineras españolas que fue su primera obra conocida internacionalmente. También tuvo tentativas dramáticas, entre las que sobresale “El Jayón” (1918) con el que consiguió el Premio Espinosa y Cortina que inspiraría el argumento de una ópera estrenada en Brasil.
Publicó “Pastorelas” (1920), “Dulce nombre” (1921), “Simientes y cuentos” (1922), “El cáliz rojo” (1923) considerada como obra biográfica, “Tierras de Aquilón” (1924), con la que ganó el Premio Castillo de Chirel, y “El secreto de un disfraz” (1925).

En 1926 obtuvo el Premio Nacional de Literatura por su obra “Altar Mayor”, compartido con Wenceslao Fernández Flórez. La concesión de este premio ocasionó tanta polémica entre la crítica que provocó que Concha Espina renunciara a su importe y lo entregara para la suscripción del monumento a Cervantes.

En 1927 escribió “Las niñas desaparecidas”, y en 1928 “El goce de robar”.

El Ayuntamiento de Santander la nombró hija predilecta de la ciudad, erigiéndose a tal efecto un monumento en forma de banco diseñado por Victorio Macho que se levantó en 1929. El Ayuntamiento santanderino también acordó en 1928 “solicitar el ingreso de la ilustre escritora Concha Espina en la Real Academia Española”. Ese mismo año, invitada por varias universidades norteamericanas, se celebró en su honor una fiesta que tuvo lugar en Nueva York donde interviniendo entre otros, León Felipe, Federico García Lorca y Fernando de los Ríos. Tras su vuelta a España el académico sueco Wuulf presentó su candidatura para el Premio Nobel. No lo obtuvo debido a la oposición de la Real Academia Española.

En 1929 escribió “La Virgen prudente”, a la que siguieron “Sietes rayos de sol”, “Copa de Horizontes”, “Llama de cera” (1931), “Singladuras” (1932), “Candelabro”, “Entre la noche y el mar” (1933) y “Flor de ayer” (1934).

En su casa de Mazcuerras le sorprendió la guerra civil, y fruto de aquella experiencia son sus obras “Retaguardia”, “Las alas invencibles” y “Princesas del martirio”, además de un patético diario. También escribió “Casilda de Toledo” y “La tiniebla encendida” (1940), “La otra”, “Moneda blanca”, “Fraile menor” (1942), “La segunda mies” (1943), “Victoria en América”, “El más fuerte” (1947), “Un valle en el mar” (1950) y “De Antonio Machado a su grande y secreto amor” (1952). Esta última obra levantó una fuerte polémica entre los críticos ya que contiene las auténticas cartas de amor de Machado a un amor de su vejez, Pilar Valderrama, íntima amiga de Concha Espina que fue quien se las confió.

En su vejez comenzó a padecer una ceguera total que acogió con extraordinario temple, aprendiendo el sistema braille de lectura.

En su casa de Luzmela se desarrolló en 1948 la emotiva ceremonia de la imposición de la banda de Alfonso el Sabio y la inauguración del pequeño monumento que se levantó en esta localidad.

En su última etapa publicó “Un valle en el mar”, “Una novela de amor” (1953). También compuso versos como “Al amor de las estrellas”, una “delicada inquisición femenina y un precioso alarde estilístico”.

Murió en Madrid el 19 de mayo de 1955. Fue una escritora que escapa a una clasificación literaria al uso. Su estilo es rico con tendencia a la frase larga y al cultivo de imágenes que van desde la brillantez al manierismo.

Varias de sus obras tuvieron reflejo en el cine con las proyecciones:

- “Vidas rotas”, basada en “El Jayón”. Inca Films. Madrid, 1935, dirigida por Eusebio Fernández Ardavín.
– “Altar Mayor”. Procines. Madrid , 1943, dirigida por Gonzalo Delgrás.
– “La Esfinge Maragata”. Madrid, 1948, dirigida por Antonio de Obregón.
– “La niña de Luzmela”. Barcelona, 1949, dirigida por Enríque Gómez.
– “Dulce nombre”. Barcelona, 1951, dirigida por Ignacio F. Iquino